Acoso moral: reflexiones

Cuando me decidí a abrir este blog lo hice con el objetivo fundamental de ayudar a las víctimas que estén sufriendo acoso moral en el trabajo solidarizándome con ellas e intentando poner luz en el tenebroso trayecto que están recorriendo.

Dicho objetivo pretendo llevarlo a cabo sensibilizando a las personas que arrastradas por el perverso participan en este tipo de macabro circo, así como, a los testigos mudos que escudándose en su no actuación se consideran eximidos de la obligación y necesidad de actuar.

En cuanto al perverso o los perversos que dirigen las actuaciones, dado que con sus inhumanos actos y sus maquiavélicos planes ya nos muestran la catadura moral y lo enfermizo de sus mentes, simplemente sé, que sí llegan por curiosidad a leer el presente blog sonreirán al ver la perfección de su plan de ataque e incluso serán capaces de tomar nota para perfeccionarlo. Sin embargo, puede ocurrir también que se pongan al descubierto algunas de sus estrategias y se desbaraten sus planes, que así sea.

Advertirles no obstante, que tan malvados planes no se pueden sustentar indefinidamente y llegará el día en que subestimando a la víctima y el entorno paguen por tanta atrocidad. Por desgracia, es seguro, que jamás llegarán a resarcir a los afectados de tanta maldad.

Por otro lado, intento animar a la víctima a reconocer lo que le está sucediendo y enfrentarse de la manera más eficaz que pueda ante los ataques que ha de sufrir en su puesto de trabajo; donde sí para cualquiera el trabajo representa una manera de sustentar su vida, a la víctima le va la salud y su vida en el proceso de mobbing.

Es necesario implantar conciencia social en nuestra sociedad, como la solidaridad mostrada a víctimas de otros tipos de violencia, para evitar que los perversos sean capaces de campar a sus anchas por nuestras empresas y organizaciones aniquilando personas y pervirtiendo el clima laboral de donde se instalan.

Es fundamental contar con las armas legales necesarias para combatir esta violencia que se ha instaurado en nuestra sociedad y que amenaza con acrecentarse, si no se ponen los medios necesarios para extirpar a estos perversos de su poder de aniquilación. No es permisible que en la mayoría de los casos quede impune el agresor por la dificultad de poder demostrar la silenciosa tortura que ha padecido la víctima.

 

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